Yo tendría mucho que decirles a las futuras generaciones sobre sobre mis vivencias porque y voy a aprovechar este este breve espacio para decir algo que no he dicho antes en ningún otro, en ningún otro espacio. Hablamos todo el tiempo de los males del gobierno totalitario y de la seguridad del Estado y eso es algo que es, digamos, lo lo principal que nos atraviesa, ¿no? Ese es el mal principal, pero no nos detenemos muchas veces a pensar los solos que estamos y los solos que nos dejan. Los solos que nos dejan los medios independientes para los que trabajamos, eh los solos que nos dejan nuestros colegas, principalmente los directores de esos medios eh independientes cubanos para los que trabajamos. Los solos, los solos que nos dejan las instituciones para las que trabajamos, instituciones a nivel internacional como ONGs o fundaciones o organismos, en fin, de derechos humanos que se llaman de derechos humanos para los que trabajamos y mira que no voy a decir nombres para no ahondar, pero pudiera decir unos cuantos nombres de organizaciones muy conocidas que nos han dado la espalda. Eh, no hablamos muchas veces de la gente con las que nos reunimos en Cuba y con las que trabajamos en Cuba y con y gracias a quienes nos exponemos muchas veces como son las embajadas, como son los organismos internacionales que tienen sede en Cuba, como Unión Europea, por ejemplo, eh y embajadas de todo tipo, sobre todo europeas y de Estados Unidos, donde que nos invitan todo el tiempo para conocernos, para conocer las realidades de Cuba, para instrumentalizarnos, porque esa es la palabra, y luego, cuando estamos, cuando caemos en desgracia, cuando la seguridad del Estado nos agarra, nos hace, nos quita todos nuestros nuestros medios de trabajo, nos quita nuestros ahorros de años de sacrificio y de trabajo y vienes y cuando uno va y les plantea buscando ese refugio, sencillamente nos dan la espalda. A las nuevas generaciones yo les diría que caminen sobre un piso de vidrio, que no se confíen de la seguridad del Estado y de y del gobierno cubano, de las organizaciones que pertenecen y que responden al sistema totalitario cubano, jamás te tienes que fiar. Eso yo creo que no hay que decirlo, o sea, bien ingenuo y bien tonto sería, tengo que decirlo así, quien hoy en día se fíe de alguien o de alguna institución o de algún organismo que pertenezca al gobierno cubano, eso es absurdo, me parece que no habría que... Sin embargo, no queda tan claro todo esto otro que vengo diciendo y ahí sí les diría que tengan mucho cuidado, que no se expongan, que no, que no pongan en riesgo su seguridad por nada ni por nadie, porque después nadie les va a dar una mano, muy muy muy poca gente, muy poca gente. A nosotras nos ha dado la mano muy poca gente, contados con los dedos de esta mano, con las personas que a nosotras nos dieron una respuesta, al menos, de por lo menos un mensaje de apoyo, muy pocas. La inmensa mayoría de la gente con las que trabajamos, la inmensa mayoría de la gente por las que nos arriesgamos, por las que pusimos en riesgo nuestro trabajo, nuestra integridad física y mental, la inmensa mayoría sencillamente nos dio la espalda. Entonces, piensen si realmente vale la pena. No quiero terminar así porque no soy tan víctima, pero piensen, a las nuevas generaciones definitivamente les diría que que anden con mucho cuidado y que no se confíen de nadie, de absolutamente nadie.