Následující text není historickou studií. Jedná se o převyprávění pamětníkových životních osudů na základě jeho vzpomínek zaznamenaných v rozhovoru. Vyprávění zpracovali externí spolupracovníci Paměti národa. V některých případech jsou při zpracování medailonu využity materiály zpřístupněné Archivem bezpečnostních složek (ABS), Státními okresními archivy (SOA), Národním archivem (NA), či jinými institucemi. Užíváme je pouze jako doplněk pamětníkova svědectví. Citované strany svazků jsou uloženy v sekci Dodatečné materiály.
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El pueblo de Cuba siempre estuvo ciego, sordo y mudo, porque así lo crearon
1 de mayo de 1960: Nace Mireya Jiménez Calzadas en Trinidad, provincia de Sancti Spíritus, Cuba, en el seno de una familia humilde y trabajadora con profundas raíces en la región trinitaria.
1917: Nace su padre, Sixto Celestino Jiménez Benítez, marinero mercante que vivió bajo todos los gobiernos cubanos del siglo XX.
1960: Tras la nacionalización de las empresas privadas en Cuba, su padre traslada a Estados Unidos el barco en el que trabajaba y recibe la oferta de permanecer allí con su familia; su esposa rechaza la propuesta estando embarazada de Mireya, lo que motiva el regreso del padre a Cuba en abril de ese año.
Infancia y adolescencia: Crece en Trinidad junto a su hermano menor, tres años más joven, y a hermanos mayores de un primer matrimonio de su madre, en un entorno marcado por la represión política sufrida por su familia, incluido el encarcelamiento y la deportación de parientes vinculados al Escambray, así como el nacimiento de dos sobrinas en cautiverio y el traslado forzoso de familiares a distintas regiones del país.
Educación: Cursa estudios hasta el duodécimo grado; no continúa estudios universitarios pese a la intención de su madre de orientarla hacia la carrera de Economía.
1981: Ingresa en la Marina Mercante cubana.
1981–2010: Trabaja durante treinta años en la Marina Mercante, navegando por el Caribe, América del Sur y Europa; visita, entre otros países, Curazao, Brasil, Venezuela, Colombia, Italia, España, Turquía y Rumanía.
1989: Se encuentra en Brăila, Rumanía, donde es testigo directo de la caída del régimen de Nicolae Ceaușescu.
1 de mayo de 1990: Regresa a Cuba por Santiago de Cuba.
Años 90: Continúa trabajando en buques tanque vinculados al transporte de combustible alrededor de la isla durante el llamado Período Especial.
2010: Se retira de la Marina Mercante sin recibir pensión.
Desde 2010: Comienza a expresarse de forma abiertamente crítica contra el régimen cubano; es objeto de interrogatorios, vigilancia, detenciones domiciliarias, hostigamiento a su familia y restricciones a su movilidad.
Salud: Padece una insuficiencia cardíaca hereditaria diagnosticada hace más de quince años.
2023: Es intervenida quirúrgicamente por cáncer, enfermedad de la que se considera libre, proceso que atraviesa en un contexto de vigilancia y represión política.
“El pueblo de Cuba siempre estuvo ciego, sordo y mudo, porque así lo crearon”, dice Mireya Jiménez Calzadas. Nació el 1 de mayo de 1960 en Trinidad, provincia de Sancti Spíritus, Cuba. Creció en una familia humilde y trabajadora, arraigada desde generaciones en la región trinitaria, y desde la infancia estuvo rodeada por un entorno de silencio, miedo y represión política que marcó la vida cotidiana de su familia.
Su padre, Sixto Celestino Jiménez Benítez, nacido en 1917, fue marinero mercante. En 1960, tras la nacionalización de las empresas privadas, tuvo que trasladar a Estados Unidos el barco en el que trabajaba. Allí le propusieron quedarse y llevar a su familia, pero la madre de Mireya, que estaba embarazada, decidió no aceptar la propuesta. El padre regresó a Cuba en abril de 1960 y Mireya nació el primero de mayo de ese mismo año. Mireya creció en Trinidad junto a un hermano menor, tres años más joven, y con hermanos mayores del primer matrimonio de su madre.
Presos del Escambray
Cuando comenzaron las detenciones vinculadas a lo que ocurrió en el Escambray, la familia de Mireya se vio directamente afectada. Su hermana mayor, casada con un campesino del Escambray, y su cuñado fueron detenidos junto con otras familias de la zona. Sus dos sobrinas mayores nacieron en cautiverio, durante ese período en que, según explica Mireya, muchos de los llamados presos del Escambray fueron trasladados desde Trinidad a distintos puntos del país.
La historia de Mireya quedó ligada desde muy temprano a lo que ocurrió en el Escambray a comienzos de la década de 1960. Su hermana mayor, casada con un campesino de esa región, y su cuñado fueron detenidos, y sus dos sobrinas mayores nacieron en cautiverio. Estos hechos se produjeron en el contexto de la represión desplegada por el Estado cubano contra la resistencia armada en el Escambray, que incluyó detenciones masivas, encarcelamientos y traslados forzosos de familias campesinas desde zonas como Trinidad hacia distintos puntos del país.
A raíz de la detención de su hija mayor, la madre de Mireya tuvo que viajar repetidamente de Trinidad a La Habana para poder verla. Ese esfuerzo constante afectó gravemente su salud. “Eso enfermó a mi madre”, dice Mireya. “La enfermó orgánicamente: de la presión, del corazón, de los nervios, de todo.” En ese período, Mireya era todavía una niña pequeña y no tenía conciencia de lo que estaba ocurriendo. Con el paso del tiempo fue conociendo esos hechos a través de lo que le contaron en su familia y de lo que observó en su entorno.
En voz baja
En su casa se hablaba en voz baja. Su padre expresaba sus ideas políticas con cautela. “Mi padre decía bajito: viva el Partido Republicano, viva el Partido Liberal”, recuerda Mireya. El silencio formaba parte de la vida cotidiana. Por lo tanto, desde niña, Mireya escuchó en Trinidad historias que no podían contarse públicamente. Se hablaba en voz baja de fusilamientos, de familias destruidas y de muertes ocurridas en zonas rurales vinculadas al Escambray. Recuerda especialmente el caso de un niño de trece años que fue abatido por un guardia mientras recogía huevos de una gallina, un hecho que, según explica, quedó marcado en la memoria de quienes lo conocieron. “Cosas que no se pueden perdonar nunca”, dice Mireya. “Dolores que viven dentro de las personas.”
Durante su infancia y adolescencia, Mireya asistió a la escuela en Trinidad en un contexto marcado por el adoctrinamiento político. Recuerda que en las escuelas se repetían consignas como “Pioneros por el comunismo” y “Seremos como el Che”. En su casa, su madre le advertía: “esto no se puede decir”, en referencia a opiniones y comentarios políticos que podían traer consecuencias para la familia si se expresaban fuera del ámbito privado.
Navegando con la Marina Mercante
Mireya cursó estudios hasta el duodécimo grado. Su madre quiso que estudiara Economía, pero ella no continuó esa formación. Según explica, no se sentía cómoda con las matemáticas y no siguió estudios universitarios en esa área. En 1981, Mireya ingresó en la Marina Mercante. Comenzó a trabajar como camarera a bordo de buques, un oficio que desempeñaría durante treinta años.
Según su experiencia, dentro de los barcos las mujeres eran respetadas. “Dentro de un barco somos mucho más respetadas que cualquier autoridad”, afirma Mireya. Añade que nunca sufrió faltas de respeto por parte de la tripulación y que, en su caso, el trato hacia las mujeres a bordo era más respetuoso que en la vida cotidiana en tierra. Gracias a su trabajo en la Marina Mercante, Mireya navegó por el Caribe, América del Sur y Europa. Durante esos años conoció puertos y países como Curazao, Brasil, Venezuela, Colombia, Italia, España, Turquía y Rumanía.
Durante sus años como marinera, Mireya vivió bajo un control constante. A la tripulación se le prohibía relacionarse con cubanos exiliados y se les advertía que cualquier contacto podía traer consecuencias graves. “Nos tejían el pánico y el terror”, recuerda. Vio cómo otros marineros eran expulsados de la empresa y llevados a interrogatorios por mantener relaciones personales en el extranjero.
Lloré y lloré
En 1989, Mireya se encontraba en Brăila, Rumanía, alojada en un hotel junto a otros marineros cubanos, mientras se gestionaba la compra de un barco en un astillero. Allí fue testigo directo del levantamiento popular que culminó con la caída del régimen de Nicolae Ceaușescu. Recuerda haber visto tanques en las calles y a la población salir con carteles. “Yo lloré, lloré, lloré”, dice, al recordar cómo la gente se volcó a las calles y se unió “codo con codo”. Vivió esos días con una intensidad que asocia a una sensación de libertad que, según afirma, nunca había experimentado en Cuba.
Mireya regresó a Cuba el 1 de mayo de 1990, día de su cumpleaños, por el puerto de Santiago de Cuba. Tras su regreso, continuó trabajando en la Marina Mercante durante los años en que el país entró en el llamado Período Especial. En ese tiempo navegó en buques tanque que rodeaban la isla transportando combustible, mientras en tierra la población sufría apagones prolongados y escasez. “El combustible en Cuba nunca ha faltado”, afirma. Según su testimonio, los depósitos estaban llenos, pero no se distribuía energía eléctrica a la población.
Después del 2010
Mireya dejó de trabajar en la Marina Mercante en 2010, tras treinta años de servicio. Explica que solicitó su retiro, pero nunca le fue concedida una pensión: “Empecé a pedir la baja. No me la daban, no me la daban, no me la dieron nunca. No cobro ningún salario, no soy pensionada”. A partir de ese momento comenzó a expresarse de forma abiertamente crítica contra el régimen cubano: “Ya después del 2010”, señala, situando en ese periodo el inicio de su postura pública de confrontación.
Tras comenzar a expresarse de forma abierta contra el régimen, Mireya fue objeto de vigilancia constante y restricciones a su libertad de movimiento. Relata que no fue encarcelada formalmente, pero sí mantenida bajo control en su propio domicilio: “Detenida, detenida no. Presa en mi casa, presa en mi casa, sin poder poner un pie en la calle”. Describe cómo esta situación incluía la imposibilidad de realizar tareas básicas: “Sin poder salir a comprarme ni un pedazo de pan”.
Según su testimonio, la vigilancia se ejercía también a través de personas de su propio barrio: “Velándome unas cuantas churrupientas de mi barrio, porque ese es el tipo de gente que ellos buscan”. Explica que evitaba salir para no provocar situaciones fabricadas en su contra: “Yo decía: no voy a darles gusto, porque lo de ellos era acercarse a mí y gritar que yo los había agredido, sin yo tocar a nadie”.
La familia ha sido asediada
Mireya afirma que la presión ejercida sobre ella se extendió también a su entorno familiar. Relata episodios de vigilancia y acoso dirigidos a su hija y a sus nietos: “Mi familia ha sido asediada. A mi hija la han rodeado la casa de mis nietos”. Señala que estas acciones se intensificaron en momentos de mayor tensión política.
Describe con especial detalle el caso de su sobrina, profesora en una escuela secundaria, quien fue objeto de un acto de repudio por haberla cuidado durante una hospitalización: “A mi sobrina le hicieron un acto de repudio en la secundaria donde ella es profesora, porque sencillamente estaba cuidándome a mí en el hospital”. Según explica, en esa reunión se cuestionó explícitamente su vínculo con ella: “¿Y quién es Mireya? Mireya es mi tita del alma”.
Mireya subraya que su sobrina no fue capaz de contarle directamente lo ocurrido debido a su estado de salud en ese momento: “Ella no fue capaz de ir a mi casa a decirme lo que le había sucedido. A mí me lo contó otra persona, porque yo había estado tan mal”.
Tuve que salir escondida
Mireya explica que padece desde hace más de quince años una insuficiencia cardíaca hereditaria: “Hace quince años me atiendo por cardiología, con una insuficiencia cardíaca heredada de mis padres”. Relata que, a comienzos de 2022, comenzó a sentir un fuerte dolor en el brazo, pero que en ese momento no podía salir de su casa debido a la vigilancia a la que estaba sometida: “Como no podía salir de mi casa, no se me permitía salir de mi casa, tuve que salir escondida”.
Cuenta que recibió ayuda de personas de la oposición para poder acceder a atención médica: “Fue cuando la oposición me buscó médicos y todo”. En 2023 fue operada de cáncer, proceso que atravesó en un contexto especialmente difícil: “Ya en el 2023, cuando me operan, ya él está preso”, explica, refiriéndose a la detención de una de las personas que la había apoyado durante su enfermedad. Afirma que actualmente se considera libre de cáncer: “Aquí estoy, libre del cáncer”.
El pueblo de Cuba siempre estuvo ciego
Mireya ofrece una valoración frontal del sistema político cubano y de los mecanismos que, a su juicio, han permitido su continuidad durante décadas. Afirma que la población fue moldeada desde el inicio para no reaccionar: “El pueblo de Cuba siempre estuvo ciego, sordo y mudo, porque así lo crearon”. Señala el peso del miedo, la desinformación y el control como elementos centrales de ese proceso.
En su análisis, atribuye la permanencia del régimen a la capacidad de su liderazgo para manipular y penetrar estructuras nacionales e internacionales: “Ese señor penetró la ONU y todas las organizaciones mundiales”, y a una forma de discurso que lograba adhesión acrítica: “Con su manera hábil de hablar, con su manera de convencer, ha convencido a miles de personas que no tienen criterios propios”. Según Mireya, estas dinámicas han sostenido un sistema que, en su experiencia, ha generado represión, silencio y dependencia.
„Kubánský lid byl odjakživa slepý, hluchý a němý, protože tak ho vytvořili,“ říká Mireya Jiménez Calzadas. Narodila se 1. května 1960 v Trinidadu v provincii Sancti Spíritus na Kubě. Vyrůstala v chudé a pracující rodině, po generace zakořeněné v oblasti Trinidadu, a už od dětství byla obklopena prostředím ticha, strachu a politické represe, které poznamenávaly každodenní život její rodiny.
Její otec Sixto Celestino Jiménez Benítez, narozený v roce 1917, byl námořníkem obchodního loďstva. V roce 1960, po znárodnění soukromých podniků, musel převézt loď, na níž pracoval, do Spojených států. Tam mu nabídli, aby zůstal a později přivedl i svou rodinu, ale Mireyina matka, která byla těhotná, se rozhodla nabídku nepřijmout. Otec se v dubnu 1960 vrátil na Kubu a Mireya se narodila 1. května téhož roku. Mireya vyrůstala v Trinidadu s mladším bratrem, o tři roky mladším, a se staršími sourozenci z prvního manželství své matky.
Vězni ze Escambraye
Když začala zatýkání spojená s událostmi v pohoří Escambray, byla Mireyina rodina přímo zasažena. Její nejstarší sestra, provdaná za rolníka ze Escambraye, a její švagr byli zatčeni spolu s dalšími rodinami z této oblasti. Její dvě nejstarší neteře se narodily v zajetí, v období, kdy byli podle Mirey mnozí takzvaní vězni ze Escambraye převáženi z Trinidadu do různých částí země.
Mireyin životní příběh se tak velmi brzy propojil s tím, co se v Escambrayi odehrávalo na počátku šedesátých let. Její nejstarší sestra, provdaná za rolníka z této oblasti, a její švagr byli zatčeni a její dvě nejstarší neteře se narodily v zajetí. Tyto události se odehrály v kontextu represe, kterou kubánský stát rozpoutal proti ozbrojenému odporu v Escambrayi a která zahrnovala masová zatýkání, věznění a nucené přesuny rolnických rodin z oblastí, jako byl Trinidad, do různých částí země.
V důsledku zatčení své nejstarší dcery musela Mireyina matka opakovaně cestovat z Trinidadu do Havany, aby ji mohla navštívit. Toto neustálé vypětí vážně poškodilo její zdraví. „To mou matku onemocnělo,“ říká Mireya. „Onemocněla organicky: tlakem, srdcem, nervy, vším.“ V té době byla Mireya ještě malé dítě a neměla ponětí o tom, co se děje. Postupem času se o těchto událostech dozvídala z rodinných vyprávění a z toho, co pozorovala ve svém okolí.
Polohlasem
Doma se mluvilo potichu. Otec vyjadřoval své politické názory opatrně. „Můj otec říkal potichu: ať žije Republikánská strana, ať žije Liberální strana,“ vzpomíná Mireya. Ticho bylo součástí každodenního života. Od dětství tak Mireya v Trinidadu slýchala příběhy, které se nemohly vyprávět veřejně. Polohlasem se mluvilo o popravách, rozbitých rodinách a úmrtích, k nimž došlo ve venkovských oblastech spojených se Escambrayí. Zvlášť si pamatuje případ třináctiletého chlapce, kterého zastřelil strážný, když sbíral vejce slepice – událost, která se podle ní hluboce vryla do paměti těch, kdo ji znali. „Jsou to věci, které se nikdy nedají odpustit,“ říká Mireya. „Bolesti, které v lidech zůstávají.“
Během dětství a dospívání navštěvovala Mireya školu v Trinidadu v prostředí poznamenaném politickou indoktrinací. Vzpomíná, že se ve školách neustále opakovaly slogany jako „Pionýři pro komunismus“ a „Budeme jako Che“. Doma ji matka varovala: „tohle se nesmí říkat“, což se týkalo politických názorů a komentářů, které by mohly mít pro rodinu následky, pokud by zazněly mimo soukromí.
Plavby s obchodním loďstvem
Mireya vystudovala do dvanáctého ročníku. Její matka si přála, aby studovala ekonomii, ale ona v tomto oboru nepokračovala. Jak vysvětluje, necítila se dobře v matematice a na univerzitní studium se nevydala. V roce 1981 nastoupila do obchodního loďstva. Začala pracovat jako palubní stevardka na lodích, povolání, které vykonávala po dobu třiceti let.
Podle její zkušenosti byly ženy na lodích respektovány. „Na palubě jsme jako ženy respektovanější než jakákoli autorita,“ říká Mireya. Dodává, že se nikdy nesetkala s neúctou ze strany posádky a že zacházení se ženami na lodích bylo v jejím případě uctivější než v běžném životě na pevnině. Díky práci v obchodním loďstvu plula Mireya po Karibiku, Jižní Americe i Evropě. Během těch let poznala přístavy a země jako Curaçao, Brazílii, Venezuelu, Kolumbii, Itálii, Španělsko, Turecko a Rumunsko.
Během let strávených jako námořnice žila Mireya pod neustálou kontrolou. Posádce bylo zakázáno stýkat se s kubánskými emigranty a byli varováni, že jakýkoli kontakt může mít vážné následky. „Tkali kolem nás paniku a teror,“ vzpomíná. Viděla, jak byli jiní námořníci vyhozeni z podniku a odváděni k výslechům kvůli osobním vztahům v zahraničí.
Plakala jsem a plakala
V roce 1989 byla Mireya v rumunském městě Brăila, ubytovaná v hotelu spolu s dalšími kubánskými námořníky, zatímco se vyřizoval nákup lodi v loděnici. Tam se stala přímou svědkyní lidového povstání, které vyústilo v pád režimu Nicolae Ceaușesca. Vzpomíná, že viděla tanky v ulicích a lidi vycházet s transparenty. „Plakala jsem, plakala jsem, plakala,“ říká, když si vybavuje, jak se lidé zaplavili ulice a spojili se „bok po boku“. Tyto dny prožila s intenzitou, kterou spojuje s pocitem svobody, jaký podle svých slov nikdy nezažila na Kubě.
Mireya se vrátila na Kubu 1. května 1990, v den svých narozenin, přes přístav Santiago de Cuba. Po návratu pokračovala v práci v obchodním loďstvu i v letech, kdy země vstoupila do takzvaného zvláštního období. V té době plula na tankerových lodích, které objížděly ostrov s pohonnými hmotami, zatímco obyvatelstvo na pevnině trpělo dlouhými výpadky proudu a nedostatkem. „Na Kubě nikdy nechybělo palivo,“ tvrdí. Podle jejího svědectví byly zásobníky plné, ale elektřina se obyvatelům nedodávala.
Po roce 2010
Mireya přestala pracovat v obchodním loďstvu v roce 2010, po třiceti letech služby. Vysvětluje, že žádala o odchod do důchodu, ale nikdy jí nebyl přiznán. „Začala jsem žádat o odchod. Nedali mi ho, nedali mi ho, nikdy mi ho nedali. Nemám žádný příjem, nejsem důchodkyně.“ Od té doby se začala otevřeně vyjadřovat kriticky vůči kubánskému režimu. „Až po roce 2010,“ říká, a do tohoto období klade začátek své veřejné konfrontace.
Poté, co se začala otevřeně vyjadřovat proti režimu, byla Mireya vystavena neustálému dohledu a omezením své svobody pohybu. Vypráví, že nebyla formálně uvězněna, ale byla držena pod kontrolou ve vlastním domě. „Zatčená ne, zatčená ne. Vězněná doma, vězněná doma, nemohla jsem ani vystrčit nohu ven.“ Popisuje, že tato situace zahrnovala i nemožnost vykonávat základní činnosti: „Nemohla jsem si jít koupit ani kousek chleba.“
Podle jejího svědectví byla kontrola vykonávána i prostřednictvím lidí z její vlastní čtvrti. „Hlídaly mě takové ty špíny z mého okolí, protože to je typ lidí, které si oni vybírají.“ Vysvětluje, že se vyhýbala vycházení, aby nevyprovokovala uměle vytvořené situace proti sobě: „Říkala jsem si: nedám jim to potěšení, protože jejich cílem bylo se ke mně přiblížit a křičet, že jsem je napadla, aniž bych se kohokoli dotkla.“
Rodina je terčem
Mireya uvádí, že tlak vyvíjený na ni se rozšířil i na její rodinu. Popisuje případy sledování a obtěžování namířené proti její dceři a vnoučatům. „Moje rodina je terčem. Obklíčili dům mé dcery a mých vnoučat.“ Uvádí, že tyto kroky zesílily v obdobích zvýšeného politického napětí.
Zvlášť podrobně popisuje případ své neteře, učitelky na střední škole, která se stala terčem takzvaného aktu odsouzení poté, co se o Mireyu starala během hospitalizace. „Mé neteři udělali akt odsouzení na střední škole, kde učí, protože se o mě starala v nemocnici.“ Podle jejího vyprávění tam zazněla i otázka: „A kdo je Mireya? Mireya je moje teta, kterou miluji.“
Mireya zdůrazňuje, že neteř jí nebyla schopna o této události říct přímo kvůli jejímu tehdejšímu zdravotnímu stavu. „Nebyla schopná přijít ke mně domů a říct mi, co se stalo. Dozvěděla jsem se to od někoho jiného, protože jsem na tom byla hodně špatně.“
Musela jsem odejít potají
Mireya vysvětluje, že už více než patnáct let trpí dědičnou srdeční nedostatečností. „Už patnáct let jsem v péči kardiologie, s dědičnou srdeční nedostatečností po rodičích.“ Vypráví, že na začátku roku 2022 začala pociťovat silnou bolest v paži, ale kvůli dohledu nemohla opustit dům. „Protože jsem nemohla vyjít z domu, nebylo mi dovoleno vyjít, musela jsem odejít potají.“
Uvedla, že jí pomohli lidé z opozice, aby se dostala k lékařské péči. „Tehdy mi opozice zajistila lékaře a všechno.“ V roce 2023 byla operována s rakovinou, procesem, který probíhal ve zvlášť těžkých podmínkách. „V roce 2023, když mě operovali, on už byl ve vězení,“ říká o jednom z lidí, kteří jí během nemoci pomáhali. Tvrdí, že dnes se považuje za vyléčenou. „Tady jsem, bez rakoviny.“
Kubánský lid byl odjakživa slepý
Mireya nabízí otevřené hodnocení kubánského politického systému a mechanismů, které podle jejího názoru umožnily jeho dlouhodobé trvání. Tvrdí, že obyvatelstvo bylo od počátku formováno tak, aby nereagovalo. „Kubánský lid byl vždy slepý, hluchý a němý, protože tak ho vytvořili.“ Poukazuje na strach, dezinformace a kontrolu jako klíčové prvky tohoto procesu.
Ve své analýze přisuzuje trvání režimu schopnosti jeho vedení manipulovat a pronikat do národních i mezinárodních struktur. „Ten člověk pronikl do OSN a všech světových organizací,“ a způsobu projevu, který vyvolával nekritickou podporu: „Svým obratným způsobem mluvení, svou schopností přesvědčovat, přesvědčil tisíce lidí, kteří nemají vlastní kritéria.“ Podle Mireyi tyto dynamiky udržely systém, který v její zkušenosti vytvářel represi, ticho a závislost.
© Všechna práva vycházejí z práv projektu: Memoria de la Nación Cubana / Memory of the Cuban Nation
Příbeh pamětníka v rámci projektu Memoria de la Nación Cubana / Memory of the Cuban Nation (Eva Kubátová)